Tras un mes dando vueltas por el mundo, y por nuestras respectivas Comunidades Autónomas, aquí estamos de nuevo. Con más trabajo del que podemos soportar, y felices por ello, no dispuestos a dejar que el innoble cometido de ganarnos el pan nos impida pasarnos por aquí de vez en cuando para pontificar sobre lo divino y lo humano.
Y voy a empezar hablando de Jazztel. Porque es prácticamente lo primero que me he encontrado en casa, como quien dice, al volver.
Estaba yo cocinando cuando suena el timbre. Abro, y me veo a un chico de aspecto tímido e ingenuo, con camisa y carpeta. Lo primero que pienso: “comercial de Jazztel“. Pero me rompe los esquemas al decir: “buenas, vengo a recoger las hojas del teléfono que dejamos la semana pasada”. Yo no estaba la semana pasada, así que le digo que no sé a qué se refiere. Me explica que es “de la central”, y que están revisando que todos los “clientes de la zona” tengan la línea adscrita a la “central” que corresponde, porque si no puede que estemos pagando más de lo que nos “corresponde”. Veo que en la carpeta tiene una hoja de Ono, la compañía con la que tenemos contratado el servicio, así que decido seguir escuchándole.
Me pide una factura para comprobar un código del principio y ver si coincide con otro código, confirmando así si nuestra línea está o no adscrita a la “central” que corresponde. Se la traigo, y mientras la mira, le pregunto que para quién trabaja, me contesta: “Para [inintelgible], una compañía de servicios de telecomunicaciones. Yo soy un Técnico en Comunicación”. Comprueba un código, y me dice: “¿Ve? Esto significa que esta central a la que están adscritos les hace pagar… ¿Cuánto pagan? 80 euros, vale. Pues deberían estar pagando 52,50€, ya que la central a la que tienen la línea adscrita no es la que corresponde”. Yo, obviamente, no entiendo nada, y se lo hago saber al chico de “la central”. Él intenta empatizar conmigo diciendo: “sí, es un lío, yo tampoco lo acabo de entender, jeje”. Y lo peor es que le creo: el chaval no entendía nada. Entonces comienza a rayar con un boli en mi factura de Ono, escribe “52,50€” y me dice que así tendremos en vez de 6 Mb., 20 Mb., que es lo que “deberían tener y lo que se está ofreciendo en esta zona a los clientes”, así, literalmente. ¿20 Mb.? Ono no ofrece 20 Mb. en ninguno de sus packs. Le digo que me disculpe un momento, me voy a Google, entro en Ono.com por si ha cambiado algo durante este mes, y confirmo: 3, 6, 12 y 50 Mb. Nada de 20. Vuelvo. Y le pregunto de nuevo para quién trabaja. Elude la pregunta e insiste en el gran descuento y el aumento de Mb. Le pregunto que entonces qué pasa con la TV de Ono, que también tenemos contratada: ¿van a ser tan generosos de cobrarnos 50 pavos por teléfono, televisión e internet? Se asusta: “Uy, claro, la TV, no me había dado cuenta…” Le insisto: que si todo esto sería con Ono. Me contesta, ahora sí: “no, bueno, es que… la central que a ustedes les corresponde no es propiedad de Ono, sino de Jazztel, entonces…”. Ahora sí, cabreo. De qué vas, tío. Tú trabajas paraJazztel, no me lo has dicho, y lo que quieres es que cambiemos de compañía. Respuesta apoteósica: “No, no, no. Esto no es un cambio de compañía. Es una portabilidad”. Ojos como platos. Ah, ¿que ahora una portabilidad no es un cambio de compañía?. Discusión de 5 minutos sobre el tema, él intenta convencernos de que una portabilidad no es un cambio de empresa, cosa totalmente estúpida, hasta que le dejamos marchar.
Sabía que los de Jazztel desarrollaban técnicas de venta como esta, pero nunca me había encontrado con una, porque nunca les habíamos abierto la puerta. En esta me pillaron de vuelta de vacaciones, y desprevenido, y ya puestos, pude ver cómo desarrollaban todo el proceso. Y he llegado a tres conclusiones.
Primera, que están timando abuelos. Literalmente. Y gente poco versada en el mundo de las telecomunicaciones en general. Crean un discurso confuso y envolvente en el que hacen pensar al receptor que lo que va a hacer no es en ningún caso cambiarse de compañía, y que es algo bueno e inevitable. Se ofrecen como técnicos. No venden nada. Pueden hacerte una portabilidad sin ni siquiera decir la palabra Jazztel, haciéndote pensar que es simplemente una mejora de línea que te corresponde. Esto, la verdad, me cabrea bastante.
Segunda, que muchos de los chavales que tienen pateando calles están tanto o más confundidos que los clientes potenciales. Como no hay mejor mentira que la que es considerada verdad por aquel que la dice, me imagino que los briefings de los comerciales de Jazztel deben ser la producción de una empanada mental destinada a la venta encubierta con la técnica anteriormente expuesta. Esto no exculpa a los comerciales: cada cual es responsable de sus acciones. Pero carga más, si cabe, la culpa a la compañía. Y me cabrea aún más.
Tercera, Jazztel ha caído en la jugosa trampa del dinero rápido sin preocuparse por el largo plazo. Hace unos años, Tele2 desarrolló técnicas similares, ganando un buen puñado de clientes poco informados a base de tretas nada limpias. Consiguieron perderlos todos y un empeoramiento de la imagen considerable, hasta el punto de que se llegó a asociar “Tele2″ y “timo” entre la gente mayor. Jazztel está desarrollando un juego peligroso: vende buen rollo por la televisión pero tima a gente sencilla en la calle, usando a comerciales que, francamente, no dan ninguna confianza, y son, o bien simples, o bien de la peor calaña. Si eres Telefónica y haces eso, es difícil que tu imagen sufra un daño importante. Pero si eres una compañía pequeña que basa su imagen en ser más baratas que las otras, ofrecer cercanía a la gente de a pie, y la simpatía, resulta francamente estúpido utilizar unas técnicas de venta que dicen de ti justo lo contrario. Esto… ellos verán.


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